MATEO CAPITULO 1
capitulo 1 al 25
Tema: La genealogía de Jesucristo y el relato del nacimiento virginal de Cristo
La genealogía
La genealogía que inaugura el Evangelio según Mateo y el Nuevo Testamento es, desde muchos puntos de vista, el documento más importante de las Sagradas Escrituras. La totalidad de la Biblia se basa en su exactitud. Observarás que se divide en tres partes:
1. Genealogía desde Abraham hasta David, versículos 1 -- 6
2. Genealogía desde Salomón hasta el cautiverio Babilónico, versículos 7 -- 11.
3. Genealogía desde el cautiverio Babilónico hasta José, el carpintero, versículos 12 -- 17
En nuestro estudio del Génesis hemos observado que es un libro sobre familias. Las genealogías son muy importantes y las veremos aquí, al comenzar el Nuevo Testamento.
Debo confesar que, a primera vista podría parecer aburrido. Especialmente si regalas a alguien un Nuevo Testamento, y esa persona empieza a leer por este pasaje, podría desanimarse y no continuar leyendo, Alguien no familiarizado con la Biblia debería comenzar a leer cualquiera de los otros Evangelios, preferentemente el de Marcos. Pero esta sugerencia en ninguna manera disminuye la importancia de esta genealogía.
El nuevo Testamento se fundamenta en la precisión de esta genealogía, porque ésta expone el hecho de que el Señor Jesucristo pertenece a la línea de descendencia de Abraham y a la de David. Ambas son muy importantes. La descendencia de Abraham le sitúa en la nación y la descendencia de David, en el trono, como perteneciente a esa línea real.
Las genealogías eran muy importantes en la historia de Israel, porque a través de ellas, podía verificarse si una persona tenía derecho a presentar una reclamación legítima con respecto a una línea de descendencia en particular. Por ejemplo, cuando Israel regresó del cautiverio, encontramos en el libro de Esdras 2:62; las siguientes palabras:
"Estos buscaron en su registro de genealogías, pero no se hallaron, y fueron considerados inmundos y excluidos del sacerdocio."
Es que en la época de Esdras, era posible comprobar el registro de la tribu de Leví y eliminar a aquellos que habían presentado reclamaciones falsas.
Evidentemente, estas genealogías se mantenían bajo control del gobierno y se ponían a disposición del público. Yo tengo la impresión de que se guardaban en el templo, porque Israel tenía un gobierno teocrático y, en realidad, la comunidad religiosa y el estado eran una sola entidad. Esta genealogía estaba obviamente expuesta públicamente y pudo haber sido copiada de los registros públicos hasta que el templo fue destruido en el año 70 D.C. Los enemigos de Jesús podrían haberlos examinado y probablemente lo hicieron. Este es un detalle interesante porque ellos pusieron en duda cada movimiento del Señor Jesús, llegando incluso a ofrecer una explicación que sustituyese a la resurrección, pero nunca cuestionaron Su genealogía. Seguramente la comprobaron y la encontraron exacta.
Esto es sumamente importante porque coloca a Jesús en una posición única. Seguramente recordarás que, en el Evangelio según Juan 10:1-2, El declaró que el Pastor de las ovejas entra por la puerta del redil, pero el ladrón y el salteador suben trepando por cualquier otro lugar para entrar al redil. Ese "redil" era la nación de Israel. El pastor no se introdujo en el redil saltando la valla por algún lugar oculto ni por un callejón. El entró por la puerta. Nació del linaje de David y de la descendencia de Abraham. Esta es la realidad que el Evangelista Mateo nos expone. Él era el cumplimiento de todas las profecías y figuras mencionadas en el Antiguo Testamento. Por todo ello, los enemigos de Cristo nunca pudieron confrontarle con dudas sobre Su genealogía. Tuvieron que encontrar otras maneras de cuestionarle y, por supuesto, lo hicieron.
A veces he escuchado dudas sobre la utilidad del estudio de las genealogías e incluso, muchas personas evitan leerlas. Yo creo que si el Espíritu de Dios ha dedicado tiempo y espacio para incluirlas en el texto Bíblico, preservándolas ante el paso de los siglos, será porque tienen para nosotros un valor que debemos conocer. Así que vamos a comenzar e examinar esos detalles importantes de esta primera genealogía del nuevo Testamento, para lo cual vamos a leer solo algunos versículos claves de la misma.
Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
La frase "libro de la genealogía" es peculiar a Mateo. Es una expresión única que no encontraremos en ningún otro pasaje del Nuevo Testamento. Si la buscásemos por el Antiguo Testamento, desde los libros proféticos de Malaquías, Zacarías y Hageo, retrocediendo hasta los libros del Pentateuco, por Deuteronomio, Números, Levítico, Éxodo y hasta Génesis, llegaríamos casi a la conclusión que tal expresión no se encuentra en la Biblia, excepto aquí en Mateo. Pero, de repente, llegamos al quinto capítulo del Génesis y leemos: "Este es el libro de las generaciones de Adán". Aquí tenemos otra vez esa frase. Es que hay dos libros: el libro de las generaciones de Adán y el libro de las generaciones de Jesucristo. ¿Cómo llegaste a entrar en la familia de Adán? Pues, por el nacimiento. No lo has llevado a cabo tu mismo; en realidad, no tuviste nada que ver. Pero esa es la manera en que tú y yo entramos a formar parte de la familia de Adán; por el nacimiento. Pero, según nos recordó el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 5:12, en Adán todos morimos. Es así que el libro de Adán es un libro de muerte.
Después está el otro libro, el libro de las generaciones de Jesucristo. ¿Y cómo entraste a formar parte de esa familia? Entraste por medio de un nacimiento, del nuevo nacimiento. En el Evangelio según Juan 3:3, el Señor Jesús dijo que tenemos que nacer de nuevo para ver el reino de Dios. Ello nos coloca en el libro de la vida del Cordero, en el cual entramos al creer en Cristo. Todos estamos en el primer libro; el libro de las generaciones de Adán. Mi estimado oyente, confío en que tú estés también en el libro de la vida del Cordero.
El Evangelista Mateo dice que Jesús es "hijo de David, hijo de Abraham". ¿No sabía Mateo que Abraham vino antes que David? Por supuesto, y así lo aclara en el resto de la genealogía. ¿Entonces, por qué lo expresó en ese orden? Porque él estaba presentando al Señor Jesús como el Mesías, Aquel que es el Rey, y Aquel que establecerá el reino de los cielos en la tierra. Y eso viene en primer lugar; porque El tenía que estar en la línea de descendencia de David, en cumplimiento de las profecías que Dios le había anunciado a David. Él era el Hijo de David.
El es también el Hijo de Abraham, y era muy importante que así fuese, porque, como vimos en Génesis 22:18, Dios le había dicho a Abraham: "En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra". Y en el Nuevo Testamento, en su carta a los Gálatas 3:16, el apóstol Pablo explicó quién era esa "simiente" o "descendencia".
"Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo."
Así que Jesucristo es el Hijo de Abraham.
Continuemos leyendo los versículos 2 al 6:
"Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram; Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón; Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, y Obed engendró a Isaí; Isaí engendró al rey David."
Una consideración cuidadosa de la genealogía que sigue no solo resulta interesante sino que puede llegar a ser emocionante. Se destacan cuatro nombres, como si fuesen luces de neón. Es sorprendente encontrarlos incluidos en la genealogía de Cristo. En primer lugar, están los nombres de las mujeres y, en segundo lugar, los nombres de Gentiles, es decir, de otras naciones diferentes de Israel, y consideradas idólatras.
No se acostumbraba a incluir los nombres de mujeres en las genealogías hebreas. En los tiempos de Jesús era realmente extraño encontrar el nombre de una mujer en una genealogía. Y aquí tenemos cuatro nombres. Y no solo eran mujeres sino que, además, eran Gentiles. Como es sabido, Dios en la Ley dijo que su pueblo no debía unirse en matrimonio con pueblos paganos. Incluso a Abraham, Dios le dijo que buscase en su propio pueblo una esposa para su hijo Isaac. Y lo mismo sucedió en el caso de Isaac con su hijo Jacob. Es que Dios había dispuesto que el monoteísmo debía ser la creencia que prevaleciese entre aquellos que formaban parte de la línea de descendencia que conduciría al Señor Jesucristo. Sin embargo, en su genealogía están los nombres de estas cuatro mujeres; dos de ellas eran cananeas, otra era moabita y la cuarta era hitita. Por lo cual uno podría preguntarse cómo entraron a formar parte de la genealogía de Cristo.
La primera fue Tamar, citada en el versículo 3. Hemos leído su historia en el capítulo 38 de Génesis, capítulo que habíamos destacado como uno de los más lamentables de la Biblia. Tamar fue incluida en esta genealogía simplemente como una mujer pecadora.
La siguiente era Rahab, mencionada en el versículo 5. Según su historia en el capítulo 2 del libro de Josué, no tenía precisamente una buena reputación. Aunque se convirtió en una persona maravillosa cuando tuvo un conocimiento personal del Dios vivo y verdadero. Y, como veremos más adelante al llegar al libro de Josué, Rahab protegió en su casa a los enviados de Josué, poco antes de la caída de Jericó. El escritor de la carta a los Hebreos 11.31, la recordó con estas palabras:
"Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en paz."
Aquella mujer, entró en la genealogía de Cristo por el sencillo motivo de que creyó: tuvo fe. Observemos aquí la progresión. Vino como una pecadora, y entonces extendió la mano de la fe.
Otra mujer, Rut, es mencionada en el versículo 5. Era una persona encantadora, sin ninguna faceta negativa en su carácter. Pero en los tiempos de Rut la ley estaba vigente y la excluía, porque especificaba que ningún moabita o amonita podía entrar en la congregación del Señor, según se detallaba en el libro del Deuteronomio 23:3. Pero aunque la ley no la admitía, hubo un hombre llamado Booz que un día la vio en su campo y se enamoró de ella. Entonces la hizo objeto de su gracia y misericordia, extendiendo su manto alrededor de ella e introduciéndola en la congregación de Israel. Y ella le preguntó: "¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos?" Tú y yo podemos formular a Dios hoy la misma pregunta, en cuanto a Su gracia para nosotros. Una vez más, tomemos nota de la progresión. Venimos como pecadores, y extendemos la mano de la fe y El, por su maravillosa gracia, nos salva.
La otra mujer, Betsabé, no es mencionada por su nombre sino llamada, en el versículo 6, "la que había sido mujer de Urías". Su nombre no se menciona porque no fue ella la que pecó, sino David. Y fue él quien realmente tuvo que pagar por su pecado. Ella fue introducida en la genealogía de Cristo porque Dios no desecha a uno de sus hijos cuando peca. Una oveja puede salir fuera del redil y convertirse en una oveja perdida, pero nosotros tenemos un Pastor que sale a buscarla y la trae de vuelta al redil. De la misma manera, El trajo al rey David junto a sí otra vez. Es así que vemos expresada aquí, en esta genealogía, toda la historia de la salvación.
Hay algunos otros detalles interesantes en esta genealogía. Si la comparamos con la que se encuentra en el primer libro de Crónicas 3: 11,12, aparte de que algunos nombres se escriben de forma diferente, encontraremos que en el versículo 8 de Mateo, se dejan fuera los nombres de Ococías, Joas y Amasías. Esto nos muestra que las genealogías se citan para proporcionarnos una visión de conjunto de una cierta línea de descendientes, y que cada individuo no está necesariamente mencionado en todas las genealogías de la Biblia. Debiéramos recordar esto en las genealogías que hemos visto en el libro del Génesis antes del Diluvio. No son necesariamente genealogías completas, sino que pretenden trazar para nuestro estudio, una línea determinada. Por lo tanto no pueden utilizarse para hacer cálculos de tiempo ni para deducir la antigüedad del ser humano sobre la tierra.
Continuemos leyendo los versículos 10 y 11;
"Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante la deportación a Babilonia."
En el versículo 11 vemos que Mateo omitió a Joacín, pero incluyó a Jeconías. Jeconías merece especial atención porque Dios había dicho que ninguno de sus descendientes se sentaría en el trono. Leamos en el libro del profeta Jeremías 22:24 y 30:
"Vivo yo -- declara el Señor -- aunque Conías, hijo de Joacín, rey de Judá, fuera un anillo en mi mano derecha, aun de allí lo arrancaría."
(Aquí conviene aclarar que su nombre era Jeconías, pero Dios eliminó la "Je" de su nombre, por ser el prefijo de Jehová, porque fue un rey malvado)
Continuamos con el versículo 30
"Así dice el Señor: Inscribid a este hombre como con sin hijos, hombre que no prosperará en sus días; porque ninguno de sus descendientes logrará sentarse sobre el trono de David ni gobernar de nuevo en Judá."
Por causa del pecado de este hombre, Jeconías, ninguno de su línea de descendencia podría jamás sentarse en el trono de David. Es que José estaba en estaba en esta línea, pero José no era el padre natural de Jesús. Este es uno de los hechos más notables de las Sagradas Escrituras y Mateo estaba tratando de aclararlo para nosotros. José le dio a Jesús el título, el título legal para el trono de David, porque José era el esposo de María, quien dio a luz a Jesús. Jesucristo no era descendiente de José, ni descendiente de Jeconías. Tanto José como María tenían que pertenecer al linaje de David y así fue, a través de dos líneas de descendencia diferentes, de dos diferentes hijos de David. Cuando estudiemos la genealogía del Evangelio de Lucas, veremos que la línea de María venía de David a través de su hijo Natán. La línea de José venía a través de la línea real por medio de Salomón. Por lo tanto, José y María tuvieron que ir a Belén para inscribirse por causa de los impuestos, porque ambos eran del linaje de David.
Leamos el versículo 16:
"Jacob engendró a José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo."
Este versículo rompe el esquema que se sigue desde el versículo 2, donde decía que Abraham engendró a Isaac. A partir de ahí, la expresión "engendrar" se repite sistemáticamente hasta el principio del versículo 16, donde se dice que "Jacob engendró a José". Uno esperaría que se mantendría el mismo modelo hasta el final, concluyendo que José engendró a Jesús pero, como acabamos de leer, vemos que no fue así. No se dice que José engendró a Jesús. Obviamente Mateo estaba poniendo bien en claro que, aunque José era el marido de María, no era el padre de Jesús. Esta circunstancia se explica en el resto de este capítulo, mostrándonos cómo fue un cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento.
El nacimiento virginal de Jesucristo
Lucas, que escribió otro Evangelio que lleva su nombre, era un médico griego. Ambos Evangelios declaran que Jesús nació de una virgen, que José no era su padre, pero que María no había sido infiel con su marido y que Jesús no era un hijo ilegítimo. Su nacimiento fue algo totalmente nuevo. Nadie podrá afirmar que la Biblia no enseña el nacimiento virginal de Cristo. El único Jesús del cual tenemos un documento histórico, es aquel que nació de una virgen. Si alguien afirmase lo contrario, tendría que presentar evidencias; no es suficiente negar esta declaración de los Evangelios con meros razonamientos humanos. Siguiendo las pautas del racionalismo, algunos podrían aseverar que no pudo haber ocurrido así. Pero no olvidemos que Dios es el creador de las leyes naturales; El puede controlarlas, utilizarlas o dejarlas de lado para cumplir sus propósitos. Insisto. Los documentos históricos revelan claramente que Jesucristo tuvo un nacimiento virginal.
Leamos el versículo 17, que nos explica algo sobre la genealogía:
"De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones; y desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones."
Mateo presenta la genealogía organizada en 3 períodos, para dar una visión global de la historia del Antiguo Testamento. Una era se extiende desde Abraham hasta David, otra desde David hasta la cautividad Babilónica y la tercera, desde la cautividad Babilónica hasta el nacimiento de Jesucristo. Naturalmente, el Evangelista ha omitido algunos nombres de la genealogía, con el propósito de encajar 14 generaciones en cada período. ¿Y por qué lo habrá hecho así? Algunos opinan que el número 14 ( equivalente a 2 veces 7) ofrecía una prueba sobre la exactitud de la genealogía. Otros creen que la mejor solución consiste en considerar el valor numérico de las letras de la forma hebrea de la palabra "David". Sumando dichos valores, da un total de 14. De esta manera, se destacaría aun más la realeza de Jesús.
Leamos los versículos 18 y 19:
"Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto."
La explicación de Mateo se comprende mejor examinándola en el contexto de las costumbres matrimoniales hebreas de aquella época. Los matrimonios de los individuos eran concertados por sus padres, quienes negociaban los contratos correspondientes. Una vez finalizado este trámite, se consideraba a los miembros de la pareja ya casados, llamándoseles marido y mujer. Sin embargo, aun no vivirían juntos. La mujer continuaría viviendo con sus padres y el marido con los suyos, por un período de un año. Ese período de espera tenía por objeto demostrar la fidelidad de la garantía de pureza dada en relación con la novia. Si durante ese período ella quedaba embarazada o daba a luz a un niño, evidentemente no había sido pura sino que había estado implicada en una relación sexual infiel. En ese caso, el matrimonio podía ser anulado. Sin embargo, si el tiempo de espera de un año demostraba la pureza de la novia, el marido iría entonces a la casa de los padres de la novia y en una solemne procesión llevaría a la novia a su propio hogar donde, a partir de aquel momento comenzarían a vivir como marido y mujer, consumando físicamente su matrimonio.
Volviendo a nuestro relato, diremos que la ley Mosaica era muy específica. En su aplicación más extrema, establecía que si una mujer era culpable de infidelidad, debía ser lapidada hasta la muerte. Pero en este caso hemos de reconocer que Dios, que no comete errores, escogió a la pareja acertada. Dios escogió a María, una mujer admirable, para ser la madre de nuestro Señor. Y si José hubiese sido un hombre impulsivo y egoísta, habría actuado de forma opuesta. Pero José era también un hombre extraordinario, que amaba a María y no quería herirla ni perjudicarla de ninguna manera, aunque pensara que le había sido infiel. Decidió no crear un escándalo público exponiendo su condición ante los jueces en la puerta de la ciudad, lo cual conduciría al inevitable castigo de muerte que imponía la ley.
Continuemos leyendo los versículos 20 al 22:
"Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no Temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo. . ."
Mateo, que estaba escribiendo para la nación de Israel, destaca que todo había sucedido para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado. Estaba apelando a la nación para que comprendiese que El que había venido, tenía que ser el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.
Se ha dicho que hay más de 300 profecías sobre la primera venida de Cristo, que se han cumplido literalmente. No se cuántas de ellas se encuentran en este Evangelio de Mateo, pero tengo la certeza de que este evangelista citó más veces el Antiguo Testamento que los evangelistas Marcos, Lucas y Juan juntos. Mateo registraba los hechos comprobándolos a la luz del Antiguo Testamento, porque su preocupación principal no consistía en presentar una "vida de Cristo", es decir, una biografía completa de Jesús, sino que quería demostrar que los acontecimientos eran el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento referentes a Jesús.
Y a continuación incluyó la profecía dada en el libro del profeta Isaías 7:14. Leamos el versículo 23;
"He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros."
El ángel le dijo a José que todo lo que estaba sucediendo formaba parte del plan eterno de Dios, porque el profeta Isaías había declarado, hacía 700 años, que una virgen concebiría y daría a luz un hijo. Los especialistas en hebreo mantienen posiciones divergentes sobre si, en el pasaje de Isaías, la palabra hebrea almah debiera traducirse "virgen" o "doncella". El hecho de que algunos de ellos reconozcan que la traducción "virgen" sería la forma más normal de traducirla, lógicamente conduce a pensar que si se elige la traducción "doncella", se estaría tratando de suavizar o atenuar la palabra "virgen" por motivos más teológicos que lingüísticos, por parte de aquellos que no creen en el nacimiento virginal de Cristo.
Veamos brevemente el contexto del pasaje de Isaías. El incidente sucedió en el reinado de Acaz, un rey que vivió lejos de Dios. Dios envió a Isaías para hacerle llegar un mensaje que, en principio no quiso escuchar. Pero el Señor le habló nuevamente y le dijo: "Pide para ti una señal del Señor tu Dios que sea tan profunda como el Seol o tan alta como el cielo". Pero Acaz respondió que no la pediría ni tentaría al Señor. El mensaje enviado a través de Isaías anunciaba que Dios le daría a Acaz la victoria. Como este rey no creería a Dios, para estimular su fe Isaías le anunció que Dios le daría una señal. En realidad la señal no solo sería para el rey sino también para toda la casa de David. Y esa señal está expresada en el 7:14 de Isaías, que podemos leer nuevamente. (leer) Evidentemente si aquí se hubiera referido a una "doncella" que daría a luz un hijo, se trataría de un nacimiento natural, como cualquier otro y como tal, no hubiera sido una señal para el rey Acaz, ni para la casa real de David. Pero si se trataba de una "virgen" que daría a luz un hijo, entonces sí que se trataba de una señal extraordinaria, de una señal sobrenatural de Dios para aquel rey y para toda la nación.
Un fuerte apoyo para traducir la palabra hebrea almah como virgen, nos viene de la Septuaginta. Recordemos que durante el período entre los dos testamentos, se reunieron 72 especialistas en hebreo, 6 de cada una de las 12 tribus de Israel, y prepararon en Alejandría, Egipto, esta traducción del Antiguo Testamento en Hebreo, al Griego, llamada Septuaginta. Cuando los traductores llegaron a este pasaje de la "señal", en Isaías, entendieron que la citada palabra hebrea almah significaba "virgen", traduciéndola en consecuencia por la palabra griega parthenos, que es la misma palabra que Mateo utiliza en su Evangelio. Pues así es; parthenos significa "virgen", y no "doncella". Por lo tanto, reconocemos que el texto de la traducción de la Septuaginta es un testigo de alto valor de la antigua interpretación judía que ha quedado, además, consagrada en el Evangelio según Mateo, quien vio en Isaías un anuncio de la concepción virginal de Cristo.
Por todo ello creemos que formó parte de la intención de Dios el escoger la traducción adecuada y más común de la palabra hebrea almah como "virgen" en el Antiguo Testamento para anunciar la señal sobrenatural de la concepción milagrosa de María, y así confirmó a Mateo que se estaba cumpliendo aquella profecía anunciada hacía 700 años.
Para finalizar este programa, consideremos algunos detalles sobre
El nombre
del niño que había de nacer. El último versículo que hemos leído en nuestro pasaje de hoy, el 23, decía además que "le pondrán por nombre EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS".
Hasta ahora estábamos familiarizados únicamente con el nombre Jesús, que le fue dado al Señor porque El salvaría a su pueblo de sus pecados. O sea, Jesús es su nombre, y Cristo, es Su título. Aquí se anunció que también sería llamado Emmanuel, que significa "Dios con nosotros".
Estimado oyente, esta frase expresa una de las verdades más maravillosas de la Palabra de Dios: Dios con nosotros. Pero El no podía ser Emmanuel, es decir, Dios con nosotros, a no ser que hubiera nacido de una virgen; ¡era la única manera! Y observemos igualmente que, a no ser que El fuese Emmanuel, no podía ser Jesús, el Salvador. El motivo por el que se le llama Jesús, y Salvador, es que El es Dios con nosotros. Esta verdad sobre Aquel que descendió a la tierra es una de las más maravillosas de la Biblia.
El escritor de la carta a los Hebreos, 2:9, dijo asi;
"Pero vemos a aquel que ha sido hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos."
El tenía que ser un sacrificio aceptable. Ni yo, ni nadie podría haber muerto por los pecados del mundo. Yo, ni siquiera podría morir experimentando una muerte redentora por mis propios pecados. Pero El sí pudo. ¿Cómo puede Jesús ser un Salvador para el mundo? Porque El es Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. ¿Y cómo llegó El a acercarse para estar con nosotros? Por nacer de una virgen.
Considero que ésta es una verdad muy importante. Yo necesitaba un Salvador que fuera capaz de descender a mi nivel, para alcanzarme y salvarme. Si El hubiera sido simplemente otro hombre, como yo, no podría haberme resultado de mucha ayuda. Pero al haber sido Emmanuel, es decir, Dios con nosotros, nacido de una virgen, entonces sí, El pudo ser mi Salvador. El es mi Salvador.
Mi estimado oyente, ¿es El hoy tu Salvador? El asumió, llevó El mismo nuestra humanidad de manera que pudiese experimentar y probar la muerte por nosotros, para que muriese de forma redentora en la cruz, por nosotros.
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