ESTUDIO COMPLETO DEL LIBRO DE MATEO CAPITULO 2

MATEO CAPITULO 2


Tema: la visita de los sabios después del nacimiento del Señor Jesús, la huída a Egipto, y el regreso a Nazaret.


El cumplimiento de la profecía

Aquí tenemos una relación histórica de los acontecimientos que tuvieron lugar, aunque se incluye igualmente la exposición de una verdad que no debemos pasar por alto. Hemos dicho anteriormente que cada uno de los Evangelios fue redactado para satisfacer las necesidades de un grupo específico de personas, y que Mateo fue escrito a la nación de Israel, que estaba formada por personas con una mentalidad religiosa. En este pasaje encontramos el cumplimiento de cuatro profecías. Y creo que éste es precisamente el propósito de este capítulo; mostrar cómo se cumplieron estas profecías del Antiguo Testamento en el nacimiento de Jesús. Seguramente había, en los tiempos de Cristo, muchos sinceros estudiantes de las Sagradas Escrituras que se preguntaban cómo podrían cumplirse dichas profecías. Tal cumplimiento parecía difícil, sino imposible. Vamos a ordenarlas en una lista y después veremos cómo se cumplieron en los días del nacimiento de Cristo.

1. Tenía que nacer en Belén (de acuerdo con Miqueas 5:2)

2. Tenía que ser llamado a salir de Egipto (según Oseas 11:1)

3. Tenía que haber un gran llanto en Rama (como se predijo en Jeremías 31:15)

4. Tenía ser llamado Nazareno (según el profeta Isaías 11:1)

Ya que Cristo nacería en Belén, ¿por qué motivo tendría que haber llanto en Ramá, que está situada aproximadamente tan al norte de Jerusalén como Belén lo está hacia el sur? Y El sería llamado Nazareno aunque habría de nacer en Belén y luego tendría que salir de Egipto. Y surge la pregunta: ¿cómo podrían cumplirse todas estas profecías en un niño recién nacido? Bueno, pues Mateo nos demuestra cuán literalmente, con que exactitud y facilidad se cumplieron estas predicciones, sin forzar para nada la profecía ni la historia. Todo sucedió tal como Dios había anunciado que se llevaría a cabo.

Cuando en la actualidad observamos ciertas profecías relacionadas con la segunda venida de Cristo, puede que nos resulte difícil correlacionarlas y ver cómo podrían llegar a cumplirse. En mi opinión, nos estamos acercando al tiempo de su cumplimiento. Entonces descubriremos que su cumplimiento tendrá lugar de una manera normal y natural. Desde nuestra perspectiva humana todo parece un rompecabezas. Pero cuando lleguemos a la presencia de Dios y todo lo profetizado se haya cumplido, nos resultará tan natural como el cumplimiento de las profecías sobre la primera venida de Cristo. Cada pieza pequeña del rompecabezas encajará en su debido lugar y en aquel día nos preguntaremos cómo no nos dimos cuenta antes, desde un principio.

Leamos el primer versículo, que nos relata

La visita de los sabios

"Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo. . .

Este es el relato histórico de la llegada de los magos. Observemos que vinieron en los días del rey Herodes, quien no toleraba que le hicieran la competencia. Así que la presencia en Jerusalén de aquellos sabios, expertos en astronomía, le creó un sentimiento de alarma.

Dice el texto que "unos magos del oriente llegaron a Jerusalén". Alguien podrá preguntar, ¿pero, no eran 3? Me parece que muchos han aprendido ciertos detalles de las postales de Navidad, más que de la Biblia.

Observemos, en primer lugar, que la narración en ningún momento afirma que eran 3 magos. Yo me permito dudar que 3 magos hayan podido inquietar a Herodes o crear una conmoción en Jerusalén. Un mayor número de ellos sí lo hubiera logrado. Estos sabios vinieron evidentemente de diferentes regiones. Habían estado estudiando las estrellas y cuando una nueva estrella hizo su aparición, unieron sus esfuerzos y emprendieron el largo viaje a Jerusalén. No hay forma de saber cuántos eran pero estoy casi seguro de que eran más de 3. En cualquier caso, los sabios llegaron diciendo, como nos cuenta el versículo 2:

"¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle."

El hecho de que vinieran buscando a un rey, fue lo que perturbó al rey Herodes.

Los sabios estaban en el este, vieron la estrella en el oeste y la siguieron. Me pregunto cómo asociaron a aquella estrella con un rey, y cómo la identificaron con Israel. Todo lo que sé al respecto es que en aquella región del este, la gente tenía la profecía dada por el anciano Balaam referente a la nación de Israel, registrada en el libro de los Números 24:17, y que decía lo siguiente:

"Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob , y un cetro se levantará en Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará a todos los hijos de Set."

Observemos que la profecía dice que una estrella saldrá de Jacob, es decir, de la nación de Israel, en la que también se levantará un cetro. La estrella y el cetro van juntos y éste es el único lugar en el que son mencionados juntos en las profecías del Antiguo Testamento. Y así fue que los sabios del oriente, como tenían esa profecía, vinieron desde el misterioso oriente buscando a un rey.

Esto causó perturbación en la ciudad de Jerusalén y en el anciano rey Herodes. Leamos el versículo 3:

"Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él."

Podemos imaginarnos los sabios convergiendo en la ciudad. El rey era Herodes el Grande, hombre muy supersticioso, que lógicamente quiso estar bien enterado del asunto. Recomiendo ampliar los conocimientos de la familia Herodes con un buen Diccionario Bíblico, para conocer hasta dónde llegaba la maldad y la perversión de aquella familia. Herodes el Grande, haciendo honor a su nombre, era el más malvado de todos. Provenía de Idumea, que era el nombre griego de Edom, y había comprado su posición política al gobierno Romano. Nunca había pertenecido a Israel y estaba realmente ansioso por localizar a este Rey que parecía ser un rival para su trono.

Leamos los versículos 4 al 6:

"Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Gobernante que pastoreara a mi pueblo Israel."

Aquí vemos que el rey reunió a todos aquellos que tenían acceso a las Sagradas Escrituras y conocimientos sobre las mismas, para que investigasen sobre el lugar donde habría de nacer el Mesías. Y lo realmente sorprendente fue que ellos pudieron responder a su pregunta. Ni siquiera tuvieron que buscar las profecías. Ya conocían el pasaje Bíblico del libro del profeta Miqueas 5:2. Como sabían todo lo relacionado con la venida del Mesías, lo citaron de memoria. El problema consistía en que sus conocimientos eran más académicos que vitales; para aquellos sacerdotes y escribas, aquellos datos no eran significativos a nivel personal. Eran como tantos que conocen la historia contenida en la Biblia y algunas verdades objetivas, pero ello no les transmite un mensaje personal de carácter espiritual. Y ya que los escribas conocían tan bien las Sagradas Escrituras uno hubiera esperado que se hubiesen acercado a aquellos magos, diciéndoles: "¿Qué os parece si vamos con vosotros? ¡Nosotros también estamos buscando al Mesías!"

En cuanto a nuestro tiempo, me pregunto cuántas personas están realmente esperando la venida del Señor. Hablamos mucho de este acontecimiento y solemos estudiar mucho las profecías. Pero, estimado oyente, ¿de verdad te agradaría ver al Señor ahora mismo? Supongamos que El se presentase hoy mismo donde tú te encuentres, irrumpiendo en tu situación y en actividades que estés realizando. ¿Tendría que interrumpir El alguna acción u ocupación? ¿Te sentirías inclinado a sugerirle que aplazase su visita para un momento más oportuno?

Leamos ahora el versículo 7:

"Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella."

Haré ahora una afirmación que trataré de probar más adelante. La estrella había aparecido en el cielo nocturno algún tiempo antes de que los sabios llegasen a Jerusalén. Recordemos que ellos hicieron aquel largo y difícil viaje en camello. En mi opinión, no llegaron a Jerusalén hasta, al menos, un año después de la aparición de la estrella. A medida que recorrían aquellos largos y agotadores kilómetros se habían aferrado a la esperanza de ver a Aquel a quién presentarían sus regalos. Tomemos nota de que Herodes, según traduce una versión, "indagó diligentemente de ellos" acerca del tiempo de la aparición de la estrella en el cielo. Recordemos este detalle, que será un factor importante más tarde en esta historia.

Así, Herodes les envió a Belén. Leamos el versículo 8;

"Y enviándolos a Belén, dijo: Id y buscad con diligencia al niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore."

El estaba siendo tan astuto como la antigua serpiente, y esto es precisamente lo que Herodes era. Por supuesto que nunca hubiera encontrado al niño enviando soldados a Belén, pues en ese caso, el niño habría permanecido escondido. Estas palabras nos muestran claramente su forma de ser. Pues lo que realmente deseaba era matarle.

Continuemos leyendo los versículos 9 y 10:

"Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría."

Vemos que la estrella apareció otra vez. Creo que ellos debieron haber estado viajando mucho tiempo sin ver la estrella. Esto pudiera ser una respuesta a la pretendida explicación de que, en cierto momento, hubo una conjunción de algunas estrellas. Mateo da a entender que se trataba de una estrella extraordinaria; en realidad, era una estrella sobrenatural. Fue un hecho milagroso, para el que no necesitamos encontrar una explicación. Ahora bien, como muchos astrónomos creen, podría haber tenido lugar, en aquella ocasión, un importante movimiento de los cuerpos celestes que pueblan el firmamento. Es lógico pensar que cuando Jesucristo vino, el cielo y la tierra reaccionasen de alguna manera ante su llegada. Puede que haya ocurrido así. Pero, en cualquier caso, los sabios vieron una estrella sobrenatural.

Leamos el versículo 11;

"Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra."

Cuando aquellos viajeros llegaron, Jesús no se encontraba en un establo, situado detrás de una posada. La afluencia y el movimiento de personas en la ciudad de Belén habían ya cesado. Todos habían regresado a sus lugares de residencia porque la inscripción en el censo había concluido. Pero aquel niño era un recién nacido y sus padres no podían trasladarle a ninguna parte hasta pasar un tiempo prudencial. El haber realizado un viaje, podría haber puesto en peligro su vida. Así que la familia se había quedado en Belén, instalándose en una casa, donde le encontraron los magos del oriente. Aquí, nuevamente, el texto Bíblico corrige la conocida imagen de las postales de Navidad, que presentan a los viajeros del oriente llegando a un establo.

Observemos que cuando ellos vieron al niño con María, su madre, se postraron y le adoraron. Si hubo un momento en que María pudo haber sido adorada, fue aquel. Pero los magos no la adoraron a ella sino a Jesús, y le presentaron sus valiosos regalos: oro, incienso y mirra.

Finalmente, diré que resulta interesante estudiar los hechos relacionados con Su segunda venida, tal como nos los relata el profeta Isaías en su libro, 60:6. Dice así:

"Una multitud de camellos te cubrirá, camellos jóvenes de Madián y de Efa; todos ellos vendrán de Sabá, traerán oro e incienso, y traerán buenas nuevas de las alabanzas del Señor."

¿Cuál de aquellos valiosos regalos será omitido en Su segunda venida? ¡La mirra! En aquel día no le traerán mirra, porque ésta nos recuerda su muerte. Cuando El venga por segunda vez a esta tierra, no veremos ningún detalle que nos hable de Su muerte.

Al observar la última escena de su nacimiento, en el versículo 11 de este capítulo 2, que hoy hemos considerado, cuando los magos adoraron a Jesús y le presentaron sus regalos, el oro nos recuerda su nacimiento, porque El nació siendo Rey. El incienso nos señala la fragancia de Su vida. Y la mirra, nos habla de su muerte. Este es el significado de aquellos regalos que le fueron ofrecidos en Su primera venida a esta tierra. Pero en Su segunda venida, no se le entregará mirra. La próxima vez que El venga, no será para morir sobre una cruz por los pecados del mundo. El llegará como Rey de Reyes y Señor de señores.

Terminamos nuestro programa anterior con la escena en que, ante José y María, los magos que habían venido desde el oriente llegaron hasta donde se encontraba Jesús y le adoraron, presentándole valiosos regalos: oro, incienso y mirra.

Llegamos, pues, en nuestra lectura al versículo 12, en el cual vemos que Dios intervino directamente para que el enemigo no intentase alterar sus propósitos. Dice el relato Bíblico que,

"Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, partieron para su tierra por otro camino."

Los magos habían creído en el sincero deseo de Herodes de venir a adorar al niño, a quien aquel rey hubiera matado si el ángel del Señor no hubiera advertido a los magos que regresasen a su tierra por una ruta diferente. Es posible que hayan emprendido su viaje dirigiéndose hacia el sur de la región de Hebrón, continuando después su camino por la zona sur del Mar Muerto. De esa manera se alejaron situándose fuera del alcance de Herodes.

El siguiente párrafo nos relata

La huida a Egipto

Leamos los versículos 13 al 15:

"Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se le apareció a José en sueños, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al niño para matarle. Y él, levantándose, tomó de noche al niño y a su madre, y se trasladó a Egipto; y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llame a mi Hijo."

El ángel del Señor advirtió a José del peligro que corrían ante las intenciones de Herodes de matar al niño. Debían trasladarse a Egipto hasta nuevo aviso y José obedeció en el acto. El relato de Mateo continúa con la cita del profeta Oseas 11:1. Esta fue una profecía de gran alcance y notable por su base histórica. Oseas escribía acerca del llamado de Dios a Israel para salir de Egipto al éxodo, aludiendo así al hecho histórico de la liberación de ese pueblo. Había semejanzas entre la nación y el Hijo. Israel era "hijo" escogido de Dios por adopción, como podemos ver en Éxodo 4:22, y Cristo es el Mesías, Hijo de Dios. En ambos casos, en cuanto al pueblo de Israel y en el caso del Mesías, su traslado a Egipto fue para escapar de un peligro, y su retorno importante para la historia salvífica de la nación. Mateo le dio un nuevo significado a la declaración de Oseas, viendo en esta experiencia que estamos estudiando una identificación del Mesías con la nación, relacionando aquel pasaje profético de Oseas en el Antiguo Testamento, más plenamente, con el llamado del Hijo, el Mesías, de Egipto.

Continuemos leyendo el versículo 16:

"Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos."

Parte de lo que voy a decir ahora es una suposición, y el resto, está basado en los hechos. Como mencioné anteriormente, los magos no llegaron al establo al mismo tiempo que los pastores, sino más tarde y, de acuerdo con el versículo 11, para entonces, la familia se había trasladado a una casa. Cuando Herodes tuvo su entrevista privada con los magos, les había interrogado inquisitivamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella. Supongo que los magos la habrán respondido que había aparecido aproximadamente un año antes. Si es correcto suponer que aquellos magos y sabios procedían de todas las regiones del oriente y que se habían reunido en un lugar determinado para continuar juntos un viaje tan largo y difícil, podemos deducir que les habrá llevado mucho tiempo recorrer esa distancia en camellos. Puede que hayan consumido un año, o más. Pero Herodes se enfureció tanto de que los magos no regresasen para informarle sobre el niño que había nacido, que probablemente dijo: "Bueno, si ellos dijeron que vieron la estrella hace un año, yo duplicaré ese tiempo y lo consideraré como 2 años, así que haré matar todos los niños que tengan 2 años o menos". Realmente, Herodes era un personaje enloquecido.

Continuemos la lectura Bíblica con el versículo 17:

"Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: Se oyó una voz en Rama, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen."

Esta también es una profecía peculiar. Jeremías no dijo que el llanto y la lamentación serían oídos en Belén. Estoy seguro de que hubo un gran duelo en Belén. Pero Jeremías menciona a Ramá, que estaba situada, aproximadamente, tan al norte de Jerusalén como Belén lo está hacia el sur. Ramá, por cierto, era la tierra del profeta Jeremías. Imagino que cuando los soldados recibieron las órdenes de matar a los niños, el capitán le habrá preguntado a Herodes: "¿por dónde quiere que comience?" Pienso que Herodes le habrá respondido: "Bueno, simplemente trace un círculo alrededor de Jerusalén cuyo radio llegue hasta Belén, en el sur, y hasta Ramá en dirección al norte". Es evidente entonces que Herodes hizo matar a una gran cantidad de niños. Podemos imaginar el llanto y los lamentos en aquella zona entre Belén y Ramá, una extensión de aproximadamente 40 Km. Aquellos momentos en que tantas personas y familias perdieron a sus pequeños, debieron ser extremadamente dolorosos. Esta profecía pronunciada por el profeta Jeremías se cumplió literalmente.

El párrafo final de este capítulo nos relata el

El regreso a Nazaret

Leamos los versículos 19 y 20:

"Pero cuando murió Herodes, he aquí, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del niño han muerto."

Quisiera resaltar un detalle. En el libro del Génesis, 32, leímos que el ángel del Señor se le apareció a Jacob en Peniel. Aquí, sin embargo, se menciona a un ángel del Señor. El ángel del Señor del Antiguo Testamento era una aparición de Cristo preencarnado. Ahora, en este pasaje que estudiamos, Cristo, al nacer, ya se había encarnado y se encontraba en Egipto.

Era esencial que Jesús saliese de Egipto y regresase a Israel. El motivo más importante para ello era que El había nacido bajo el imperio de la ley de Moisés y debía vivir sujeto a la autoridad que emanaba de aquella Ley Mosaica. Él era el único que realmente la había cumplido. Jesús debía salir del ámbito de influencia de Egipto. El no se educaría ni formaría allí, como Moisés y como los hijos de Israel, cuando se estaban convirtiendo en una nación.

Leamos los versículos 21 al 23:

"Y él, levantándose, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel. Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, partió para la región de Galilea; y llegó y habitó en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Será llamado Nazareno."

El hijo de Herodes, Arquelao tenía, también, una personalidad brutal. Por otra parte destacaré la frase "será llamado Nazareno". La palabra hebrea para Nazaret es netzer y significa rama o retoño. La ciudad de Nazaret llevaba ese nombre debido a su insignificancia. Las profecías Bíblicas de Isaías 11:1, Isaías 53:2,3 y el Salmo 22:6 están relacionadas con el término "Nazareno". Pero al Señor Jesús se le asignó dicho término no solo porque El era una rama del tronco de Isaí, sino también porque creció en la ciudad de Nazaret. Al ser llamado Nazareno, cumplió las profecías.

Pasemos ahora a considerar

Mateo 3

Tema: Juan el Bautista, el precursor del Rey, anuncia el Reino y bautiza a Jesús, el Rey.

El primer párrafo presenta las

Actividades y predicación de Juan el Bautista

Leamos los versículos 1 y 2:

"En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado."

Ahora bien, de pronto, Juan el Bautista aparece en las páginas de las Escrituras. Si solamente tuviésemos el Evangelio según Mateo nos preguntaríamos: ¿De dónde vino, cuáles fueron sus antecedentes? Porque Mateo no nos presenta esa información y la razón es evidente. El profeta Malaquías había dicho que el mensajero vendría antes para preparar la llegada del Rey. Dijo textualmente: "he aquí . . . Yo envío mi mensajero, y el preparará el camino delante de mí . . ." El mensajero era Juan el Bautista. Uno no necesita realmente conocer los antecedentes de un mensajero. Cuando recibimos a un mensajero nos entrega una carta o un telegrama, no le preguntamos sobre sus antepasados. No nos interesa ese dato personal sino el mensaje que nos trae, que es lo verdaderamente importante. Así que simplemente se lo agradecemos al portador del mensaje y le despedimos.

Juan el Bautista dejó muy claro el hecho de que él era solamente el mensajero, y Mateo también lo aclaró. Por lo tanto se introdujo en las páginas de la Biblia predicando en el desierto de Judea, diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado".

Vamos ahora a considerar estas expresiones: (1) "Arrepentíos", (2) "El reino de los cielos", y (3) "Se ha acercado". Son muy importantes.

"Arrepentíos" es una expresión que siempre se le ha presentado al pueblo de Dios como un desafío para cambiar completamente la forma de vivir. "Arrepentíos", en el original griego corresponde a la palabra "metanoía", que significa "cambio de mente". O sea que, si estás yendo en una dirección, das la vuelta y vas en otra dirección.

Principalmente, el arrepentimiento concierne a las personas ya salvas, al pueblo de Dios de cualquier época. Ellos son los que, cuando llegan a ser insensibles o indiferentes, tienen que dar la vuelta, o experimentar un cambio. Ese fue precisamente el mensaje enviado a las siete iglesias de Asia Menor y que se encuentra en el libro del Apocalipsis. Era el mensaje del mismo Jesucristo.

Alguien podría preguntar si la persona no salva, es decir, el no creyente en Cristo, no tiene que arrepentirse. A la persona no salva se le dice que tiene que creer en el Señor Jesucristo. Fue el mensaje que el apóstol Pablo para el carcelero de Filipos, como nos relata el libro de Los Hechos 16:31. Aquel hombre necesitaba experimentar arrepentimiento; pero cuando una persona no salva cree en Jesús, se está arrepintiendo. La fe denota girar, dar la vuelta hacia Cristo, y cuando te diriges hacia Cristo, también tienes que apartarte de algo. Si no te estás alejando de algo, no estás realmente girando en dirección a Cristo. Así que el arrepentimiento forma verdaderamente parte del acto de creer, aunque el mensaje esencial que debe proclamarse a los no creyentes en la actualidad es que ellos deben creer en el Señor Jesucristo. Nos agrada ver a muchos que, después de escuchar un mensaje de predicación del Evangelio expresan públicamente que desean recibir a Cristo en sus vidas, o indican de otra manera que han adoptado tal decisión. Pero lo importante es creer en Cristo como tu Salvador, recordando que si de verdad giras hacia El, te apartas o alejas de algo.

La expresión "reino de los cielos" se refiere al gobierno de los cielos sobre la tierra. El Señor Jesús es el Rey. No puede haber un reino sin un rey, ni un rey sin un reino. ¿Qué quiso decir Juan el Bautista al afirmar que el reino de los cielos se había acercado? Que el reino de los cielos estaba presente en la Persona del Rey.

¿Existe una realidad presente del reino de los cielos? Sí. Aquellos que vienen a El reconociéndole como el Salvador, son trasladados a Su reino y le pertenecen. Y tienen una relación mucho más íntima que la de un súbdito con un rey. Una de las imágenes que el Nuevo Testamento utiliza para ilustrar la realidad de la iglesia, presenta a Cristo como el futuro esposo y a los creyentes como la futura esposa.

Después, alguien podría preguntar si no somos como vasallos en un reino porque tenemos que cumplir Sus mandamientos. Debo decir que se trata de mucho más que de una innegable obediencia. Nosotros le tenemos que obedecer porque le amamos; estamos unidos a El por una relación de amor. El Señor les dijo a sus discípulos, como nos relata el Evangelio según Juan 14:15: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos".

El "reino de los cielos" es el gobierno de los cielos sobre la tierra. Este gobierno no existe en la actualidad, porque Cristo no está reinando sobre el mundo en la época actual. Creo que es equivocada la afirmación de que el reino de los cielos existe en nuestro tiempo. Cristo no está reinando hoy en alguna manera o en cierto aspecto, excepto en el corazón de aquellos que le han recibido. Sin embargo, el vendrá algún día a establecer Su Reino en la tierra. Cuando lo haga, acabará con toda oposición o rebelión.

Por ello el reino de los cielos se había acercado, o estaba presente en la Persona del Rey. Aquella era la única manera en que estaba presente.

Mateo nos indica que este pasaje constituía un cumplimiento de la profecía. Leamos el versículo 3:

"Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas."

Se refiere a la profecía del libro de Isaías 40:3. La voz que clamaba en el desierto definía todo lo que Juan pretendía ser. Y su propósito era preparar el camino al Señor. Leamos el versículo 4:

"Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre."

Parecía un individuo extraño, ¿no es cierto? Seguía una dieta rara y vestía de una manera poco común. Aquí tenemos a un hombre excepcional, a un hombre con una misión. Era realmente como un personaje del Antiguo Testamento, salido del Antiguo Testamento, introduciéndose en las páginas del Nuevo Testamento. Era el último de los profetas del Antiguo Testamento.

Leamos los versículos 5 y 6:

"Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán."

Observemos que las multitudes acudieron a él. Juan no tenía una organización que le respaldase o le promocionase. Evidentemente, el Espíritu de Dios estaba en aquel hombre. Y la actitud de las personas indicaba que se había operado un cambio en sus vidas. El mismo hecho de que se sometieron al bautismo que efectuaba Juan era una demostración de que estaban abandonando su antigua manera de vivir y asumiendo una nueva vida.

El siguiente párrafo nos presenta su encuentro con

Los fariseos y saduceos

"Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras."

Nos llama la atención su forma desafiante de dirigirse a Fariseos y Saduceos, pasando por alto su dignidad, y haciéndoles ver la inutilidad de apoyarse en la vinculación con Abraham como antepasado. Fue verdaderamente un lenguaje fuerte y violento. Es como si les hubiese dicho: "Debéis mostrar evidencias de esta nueva vida. No se trata de que paséis solamente por el acto del bautismo. Tiene que haber fruto en vuestra vida".

En nuestro próximo programa continuaremos con la vida de Juan el Bautista. Terminamos hoy recordando que también hoy los ritos y las ceremonias carecen de valor ante Dios, si una persona no ha tenido un encuentro personal con El, por medio de Jesucristo, que produce el principio de una transformación en el individuo, un fruto, una conducta, unas obras que lo demuestran; todo ello, evidencia de una vida nueva.

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